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Dinero y Empleo - 2012-12-30

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El dragón se da un vigoroso empujón

PANORAMA

ZIGOR ALDAMA

SHANGHAI. Si el país no crece de forma natural, tendrá que hacerlo artificialmente. Es lo que piensan los líderes chinos, que ya han echado mano de los tres billones de dólares que guardan en el sótano de las divisas extranjeras para obtener sus objetivos de expansión económica. Porque crecer por debajo del 7% puede tener en China efectos catastróficos. Este año ya se ha notado el efecto de la mala salud económica global; aun así, el país cerrará el ejercicio con una tasa superior al 7,5% que preveía el primer ministro chino, Wen Jiabao. Para que levante de nuevo el vuelo en 2013, el Gobierno ha puesto en marcha un plan de estímulo encubierto. De hecho, lo que ha anunciado es una batería de proyectos de infraestructuras faraónicas que supondrán una factura de un billón de yuanes (unos 120.000 millones de euros), el 2,1% del PIB. Se han aprobado 25 proyectos en el sector de los ferrocarriles, 13 autopistas, varios puertos y aeropuertos, al menos una decena de nuevas redes de metro, parques eólicos, plantas incineradoras, y nuevos sistemas para el tratamiento de aguas y de basuras. Y eso solo a nivel nacional. Los gobiernos regionales y locales han dado luz verde a otros planes por valor de 11,6 billones de yuanes (1,45 billones de euros). Es el sueño ‘erótico’ de las empresas de infraestructuras de todo el mundo. Pero todo apunta a que Pekín solo va a dar ‘migajas’ a las multinacionales extranjeras –hablamos de 1,61 billones de euros sumados estos y otros nuevos planes–. «Cada vez hay más trabas para entrar en el mercado chino», señala un empresario español del sector energético que quiere mantenerse en el anonimato. «Es lógico que se eliminen subsidios e incentivos fiscales, porque el país ya se ha industrializado, pero la opacidad de los concursos de licitación siempre beneficia a las firmas locales», lamenta. No en vano, China quiere fortalecer a sus empresas para que lancen su propia estrategia de internacionalización. «Los proyectos aquí son un magnífico campo de pruebas para nuestras empresas, que experimentan en casa y luego pueden exportar el conocimiento y la tecnología adquiridas», opina Zhang Wen, profesor de Economía de la Universidad de Fudan. No obstante, nombres con una larga trayectoria en el país –como, por ejemplo, la fabricante de turbinas para la generación de energía eólica Gamesa– siguen sumando puntos en China. «Sin duda, el sector de las renovables es el que más oportunidades presenta para las firmas extranjeras, que aún llevan una ventaja considerable en lo que a tecnología se refiere», comenta el anterior empresario. De hecho, el país ha anunciado también un plan adicional para tratar de reducir un 5% la polución de 117 ciudades dotado con 43.000 millones de euros. «Ahí sí que puede haber negocio», apunta. Un colchón «mullido» China se puede permitir este desembolso incluso después del plan de estímulo introducido en 2008 –en total, 420.000 millones de euros–. «El país tiene un colchón muy mullido gracias a dos décadas de superávit, y es consciente de que es ahora cuando tiene que usarlo», explica Zhang. «Por un lado puede servir para capear el temporal que llega desde fuera –explica–, y por el otro da un plazo de tres o cuatro años al sector empresarial chino, que tiene que reestructurarse para ser viable sin que medie la intervención del Gobierno». Además, aunque la costa este del país y algunas ciudades del interior cuentan ya con infraestructuras de primer orden, en muchos otros lugares no es así. «Pekín quiere que las manufacturas y la industria pesada se reubiquen en el interior para tratar de equilibrar el desarrollo de las zonas más pobres, mo camino: de 1.135 dólares ha pasado a 5.432. Hace 10 años la economía china suponía solo el 4,4% del total mundial; en 2011, duplicaba con creces ese nivel hasta alcanzar el 10%. Por su parte, las exportaciones que sirvieron para prender la llama del milagro chino se han multiplicado por seis a pesar de la crisis y, aunque su peso en toneladas disminuye, su valor sigue aumentando. Es una muestra de cómo la fábrica del mundo ha escalado posiciones en valor añadido. Y los avances no han sido solo económicos: China ha construido el ferrocarril más elevado del planeta para llegar al Tíbet y ha desarrollado la red de tren de alta velocidad más extensa en tiempo récord –la línea pero las empresas necesitan buenas infraestructuras. Así que construirlas no es tirar el dinero», apunta Zhang en referencia a las críticas que han recibido multitud de proyectos mal planificados que, solo unos años después de su finalización, han quedado reducidos a meros fantasmas de hormigón y acero. Y, mientras, las empresas internacionales ya han comenzado a mudarse al interior del país, donde todavía pueden rascar algunas ventajas fiscales y disfrutar de cierto trato de favor. Batz, una empresa española de componentes de automoción, por ejemplo, ya ha abierto camino al poner en marcha dos nuevas fábricas que se sumarán a la que ya tiene en los alrededores de Shanghái. Una estará en Foshan, al sur, y otra en Chengdu, en la provincia occidental de Sichuan. Es una estrategia que pretende seguir a sus clientes en la búsqueda de centros manufactureros más competitivos. Además de los planes de estímulo temporales, el Partido Comunista apostará por liberalizar más la economía, y es posible que incluso desmantele algunos monopolios estatales. El sector privado es el más dinámico –admiten en Pekín–, y el único capaz de crear los 11 millones de puestos de trabajo que el país necesita para absorber a quienes se incorporan cada año al mercado laboral. «El mayor estímulo no es el que mana del Gobierno, sino el que sale de uno mismo», sentencia Zhang. más larga, Pekín-Cantón, acaba de estrenarse–, ha completado el mayor proyecto hidroeléctrico –la presa de las Tres Gargantas–, ha hecho volar su primer jet comercial, y ha puesto en órbita y sumergido hasta la fosa abisal a algunos de sus compatriotas. No obstante, con este crecimiento, el país también ha perdido atractivo como base manufacturera. Sectores de mano de obra muy intensiva, como el textil o la industria pesada, comienzan a hacer las maletas y buscan nuevos horizontes en Bangladesh, India o Vietnam. Por eso, el reto de la década del secretario general Xi será completar un salto tecnológico vital para asegurar el éxito del país en el futuro.

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