El cambio de vida del escultor que replicó a la Dama de Baza
En un taller de Campo Cámara, Ramón Salarich alumbra esculturas que después desafían al tiempo en calles y plazas de media España, y de allí también han salido reproducciones de la Dama de Baza que están hoy desperdigadas por medio mundo. Él cambió su Cat
Ramón Salarich se afincó en Campo Cámara, desde donde trabaja
Él no lo sabe, pero los vecinos de Campo Cámara, el pueblo donde vive desde hace 35 años, unos le llaman ‘el artista’ y otros ‘el catalán’, y las dos cosas son ciertas del todo porque Ramón Salarich Viñas llegó a este municipio del norte de la provincia granadina después de una exitosa trayectoria profesional desde que naciese en el municipio de Montesquiu, en la provincia de Barcelona. Recorrió el trayecto inverso que años antes, y todavía entonces, habían hecho y hacían miles de migrantes granadinos en busca de las costas del Levante, y sobre todo de Cataluña.
Estos últimos iban en busca de pan y trabajo, y Ramón se aventuró por las tierras del sur porque conoció a una granadina del pueblo y como él mismo resume: «Por muchas vueltas que uno de en la vida, siempre acaba siendo del pueblo de su mujer». Y tanto, porque en el pueblo de su mujer lleva ya desde 1986, año arriba, año abajo.
Con formación en Bellas Artes, dejaba atrás su trabajo en un periódico, una galería de arte de la que era propietario y una intensa actividad cultural como escultor conocido y reconocido, y se adentra en un lugar en el que se topa con una vida provinciana, tranquila, y con una actividad cultural que solo encontraba en algunos actos en la capital, a los que hacía lo posible por asistir. «Solía ir a una tertulia con algunos amigos que conocí de Granada, pero cuando acababa, ellos se marchaban a casa y yo me encontraba a casi dos horas de camino de la mía a través de carreteras infernales, porque entonces no había ni autovía».
Tuvo que reconstruir su vida profesional desde cero. Intentó mantener sus contactos con las galerías de Madrid y Tenerife con las que solía trabajar, y montó su nuevo taller en una casa familiar del pueblo. «Fue una locura que se puede hacer cuando se es más joven, y hoy puedo decir que fue una locura maravillosa por muy duros que fueran los primeros años, que lo fueron». Durante una etapa mantuvo su actividad artística con frecuentes exposiciones en Madrid y otros puntos del país, pero al cabo de un tiempo pequeños trabajos por encargo lo iban a convertir en un escultor de referencia en Andalucía y empezaron a llegar propuestas cada vez más importantes de empresas y de instituciones públicas y privadas como ayuntamientos o la Iglesia, que fueron sembrando su obra por numerosas municipios de Granada, Jaén, Málaga, Córdoba, Almería, Sevilla... que se unían a otras como Madrid, Barcelona, Alicante y Tenerife, donde tenía ya un reputado prestigio.
En la década de los 90 del pasado siglo, Ramón registra una intensa actividad creativa, y es entonces cuando realiza una ex
periencia de esculturas de gran formato junto al artista norteamericano Kent Anderson. Tras fundar la Asociación GranadaNorte de Oficios de Arte, es propuesto para el Premio Andalucía de Artes Plásticas y crea el centro de arte que lleva su nombre, en el que fomenta todo tipo de iniciativas culturales.
Vecino de una gran Dama
Salarich reconoce la importancia que tiene ser vecino del lugar al que pertenece una de las esculturas más famosas e importantes del país: la Dama de Baza. Al principio era reacio a reproducirla porque mantenía la idea de que todo lo que crease tenía que ser obra suya, pero al final accedió a la propuesta y en su taller la Dama se convirtió en una invitada frecuente desde 1992. «Me ofrecieron de una entidad bancaria hacer una colección única y numerada con 125 estatuillas para sortearlas entre los clientes y la iniciativa tuvo un éxito tremendo». Eso lo animó a dejarse seducir por esta pieza a la que dio forma después de viajar a Madrid para ver la talla original en el Museo Arqueológico Nacional. Se pasó tres días mirándola y tomando notas.
Preparó después algunas piezas privadas más que están hoy repartidas por colecciones de medio mundo. «En casi todos los ayuntamientos de la comarca hay una ‘dama Salarich’; es una de las esculturas que mayor popularidad me ha dado y no soy su autor». Asegura que es una escultura agradecida. «Es posible que el autor de la Dama de Elche fuese mejor escultor que el de la Dama de Baza porque parece más trabajada, pero es muchísimo más importante la pieza granadina porque aporta una información arqueológica muy relevante».
Los dos últimos encargos que ha recibido han sido para elaborar una escultura a tamaño natural en homenaje al emigrante, y para ello tendrá en cuenta lo que supuso de drama y esperanza un fenómeno como el movimiento de cientos de miles de personas en busca de porvenir. Otro encargo en el que trabaja ya es el de una ciudad cordobesa para montar la figura de una mujer en un lavadero público de los años 50 del siglo XX, que ha sido rehabilitado.
Un encargo extraño
Antes de eso ha trabajado en la escultura de los danzantes de Fuente Tójar, una antigua tradición del municipio cordobés que ahora incluirá en su promoción turística, y en una petición que años después sigue sin comprender muy bien el sentido que tenía. Le llegó desde Zaragoza vía Internet. Alguien reclamó que le hiciese un monolito de los que había en las carreteras nacionales, que marcara el km. 12 y debía incluir la figura de un hombre apoyado sobre él. Lo hizo y le pagaron. Es probablemente el encargo artístico más extraño que ha tenido, pero lo normal es que se trate de verdaderas obras de las que se siente especialmente orgulloso, como el Cascamorras o el bautismo de Jesús, en Baza, y tal vez la más extraordinaria: la esculturas y relieves para los ocho altares de la iglesia de Pozo Alcón. «El templo es relativamente nuevo, del año 2001, y desde entonces trabajo en él hasta crear un conjunto escultórico del que me siento muy satisfecho».
Cuando llega un encargo al taller empieza entonces un proceso que durará una media de dos a tres meses en cada caso, desde los bocetos previos hasta que salga del horno o la fundición. El
modelado puede llevar unos 20 o 25 días, pero el resto requiere más tiempo, sobre todo si lleva policromía. Si es una escultura de gran formato se va creando por partes y después se ensambla. Es un proceso íntegramente manual en el que no usa maquinaria. Ramón suele trabajar con gres, que tiene la propiedad de fundir el barro y el esmalte para tener la resistencia necesaria, capaz de soportar temperaturas tan extremas en frío o calor como Andalucía, pero en muchas ocasiones también recurre al bronce.
El artista se encuentra cómodo en el realismo porque entiende que los detalles son el camino de la perfección. «Puede ser frío, por eso hay que buscar la expresividad, la naturalidad, el movimiento, un realismo que no tiene que ser bello en el sentido tradicional que solemos entender este concepto. La belleza está en la realidad y en la naturaleza misma de los rasgos». Ese afán del escultor por esculpir lo natural lo lleva de forma casi obsesiva a las manos por la versatilidad que tienen. Incluso ha hecho exposiciones dedicadas únicamente a las manos y sus rasgos. «Con las manos se puede expresar todo lo que un artista pretenda. No necesita el resto del cuerpo para transmitir sensaciones de amor, música, felicidad o tristeza. Tienen un lenguaje propio y el movimiento de los dedos es como una danza».
Quizá la mayor dificultad para un escultor está en los ojos y reconoce que cuesta mucho acertar. «Cada vez que abro el horno para sacar la pieza rezo porque lo que dejo dentro y lo que sale al final cambia. Los ojos, como las manos, son también un espejo del paso del tiempo, del transcurso de la vida, de las etapas de una persona. Son el resumen de una vida». Salarich confiesa su atracción por la maternidad que ha recogido en algunas de sus obras. «La maternidad es una expresión artística; pocas cosas igualan la belleza de una madre con su hijo en brazos».
Incluso fue concejal
Para este catalán reconvertido en ‘granaíno’ del norte, su vida desde hace muchos años está en Campo Cámara, donde trabaja con su hijo en el taller. Cuando llegó creó la asociación de padres en el colegio, que no existía; una asociación de vecinos para hacer fuerza en las reivindicaciones sociales del pueblo, que tampoco existía; e incluso fue concejal durante un tiempo, aunque con el paso de los años se ha retirado de todo y en especial de la política, para dedicarse a su labor artística. Hasta dejó la partida de cartas con el grupo de amigos del pueblo porque se distraía en exceso y le impedía trabajar los fines de semana.
Cuando no está de viaje y tiene tiempo para descansar, aprovecha para pasear por la zona junto a su esposa Rosario. «Una tierra como ésta inspira porque tiene una luz y un color que proyecta un paisaje irrepetible. Para un escultor estas musas artísticas quizás influyen menos que para un pintor, pero siempre hay algo que se va quedando en cada obra». De momento, el que se quedó para siempre es él y su idilio con la Dama sigue.
En una escultura sobre la realidad actual imagina una sucesión de bloques de los que emergen personas en busca de liberación
En la década de los 90 realizó esculturas de gran formato, una experiencia compartida junto al artista Kent Arderson
Era propietario de una galería y mantenía una intensa actividad cultural, pero renunció a todo para vivir en Campo Cámara, donde lleva 35 años
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2021-10-18T07:00:00.0000000Z
2021-10-18T07:00:00.0000000Z
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