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La feria de la humildad

La del libro sería infinitamente más aburrida si no fuera por todo ese color que le da la espuma de la vida, que diría el editor

La primera gran cura de humildad viene al toparte con una cola de adolescentes, que parecen de otra especie, que aguantan horas al sol para conseguir la firma de su autor favorito. Uno no sabe bien si se trata de una persona física, un avatar, un maniquí articulado o el dibujo que llevan tatuado en la piel que ha cobrado vida. Rodrigo Cortés siempre me dice que es una buena señal, porque ya están en la literatura y que es cuestión de tiempo que lleguen a nosotros. Él siempre es optimista con esto de la feria. La primera vez que firmamos juntos lo hicimos en la caseta de Fnac. Allí plasmaba su Ex Libris a cientos de personas mientras yo le recordaba los nombres que debía poner en la dedicatoria. Funcionamos como un equipo fielmente engrasado, pero Fnac no me volvió a llamar para ninguna otra edición posterior. A él, sí, claro.

Luego vienen las estrellas a secas. No importa que sean de televisión, de pilates, nutricionistas o ex cosas. Siempre hay un ex algo que escribe un libro porque cuenta lo que no pudo contar antes de ser ex. Aquí entran un sinfín de autores que comentan lo que vivieron cuando no eran todavía escritores de libros: ex yonquis, ex alcohólicos, ex puteros, ex políticos, ex humoristas, ex curas o ex cualquier cosa que se les ocurra. Siempre me llama la atención los buenos contratos editoriales que tienen los ex. Pero no es lo más grave que nos podemos topar en la feria. Ojo a los muñecos.

Ya le pasó a Jacobo Bergareche en una edición en la que Bob Esponja le convirtió en ‘cangreburguer’. Lo más doloroso para él fue comprobar que dos personas se disfrazaban del dibujo animado, alternando el esfuerzo y esa trampa mortal que era el traje amarillo bajo el sol abrasador, mientras Jacobo lamentaba no haber sido ‘runner’ o estrella Michelin. Uno admite una derrota ante otro escritor, faltaría más, pero lo de verse humillado por un peluche gigante, que a saber cómo escribe sus libros, es demasiado incluso para un tipo como Jacobo, que casi todo le parece bien porque es generoso como pocos.

Luego están los vendedores de humo. Estos son tremendamente peligrosos porque se creen de verdad lo que venden. En los vendedores de humo nos encontramos con autores que firman una pila de libros diciéndote básicamente tres cosas: No sabes nada. Mira yo cuánto sé. Pero qué bueno soy. Es la triada en la que se basa un vendedor de humo nacional y actual como es Iván Redondo, a quien seguro le encuentran en esta Feria del Libro compartiendo sapiencia con un sinfín de aduladores mientras introduce en el debate público lo que le han pedido que introduzca. Tres consejos para enfrentarte a un vendedor de humo. Date la vuelta. Mueve las piernas alternando derecha e izquierda y subiendo un poco las rodillas. No pares hasta recorrer diez o doce mil euros, ahora que las distancias se miden en euros y los euros en kilómetros, que diría la tele pública.

Entre toda esta confusión, lo que realmente tiene un mérito extraordinario es, que además de toda esta rehala de muñecos gigantes, ex cosas, celebridades, entrenadores, actores, cómicos, cocineros, paseantes, jardineros, niños en carritos, perros, policías, mangantes y demás, hay lectores interesados en lo que uno publica. Y qué quieren que les diga. Me gusta mucho que así sea. La Feria del Libro sería infinitamente más aburrida si no fuera por todo ese color que le da la espuma de la vida, que diría el editor, una suerte de paleta en la que todas las personas (y animales) se dejan ver estas semanas por el parque del Retiro.

Y aun con todo, esta feria tiene un componente esencial para el ego de los autores: siempre hay alguien que vende más que tú. Y eso es algo maravilloso que recoloca la altivez y esa cabeza tan alta que a veces choca con el techo de la realidad. Me gusta ver a personas que al pasar delante de mi caseta no se les mueve una ceja, que apenas miran, que ni siquiera se molestan en saber qué escribo. Eso me recuerda que, en la literatura, está todo por hacer y que aún quedan muchas páginas que escribir.

MADRID

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2026-05-31T07:00:00.0000000Z

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