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AFRODITA, LA DIOSA QUE SE DESNUDÓ

En el arte griego de los siglos VI y V a.C. se representaba a Afrodita como una diosa de porte majestuoso, que mostraba su rostro, pero con el cuerpo cubierto. En cambio, desde el siglo IV a.C. se impuso la imagen icónica de Afrodita como una mujer en la plenitud de su belleza y totalmente desnuda.

VESTIDA

A mediados del siglo

V a.C., el escultor Calamis realizó la llamada Afrodita Sosandra («salvadora de los hombres») para adornar la entrada de la Acrópolis de Atenas. Originalmente en bronce, hoy sólo se conoce por copias en mármol de época romana, entre ellas una hallada en Bayas. La diosa lleva un amplio manto que la cubre hasta los pies y un velo sobre la cabeza. El rostro, de expresión severa, manifestaba la belleza sublime de los dioses. Otras representaciones de Afrodita de la época arcaica destacaban sobre todo el lujo de sus vestidos, como la que se mostraba en el santuario de la diosa en Afrodisias. Arriba, busto romano de Afrodita tocada con un cálato, corona semejante a una cesta de mimbre, procedente del teatro de Afrodisias. Siglos II- III d.C.

DESNUDA

Desde el siglo IV a.C., la imagen más típica de Afrodita fue la de una mujer desnuda que acaba de bañarse y se seca con una toalla. El origen de esta tradición se encuentra en la Afrodita de Cnido, estatua realizada hacia 350 a.C. por el escultor ateniense Praxíteles. La obra fue adquirida por Cnido, una ciudad portuaria de Asia Menor, para adornar su propio templo de Afrodita, y tuvo tal éxito que generó enseguida infinidad de copias y variantes. La insinuación sexual de esta estatua de Praxíteles se hizo aún más evidente en variantes posteriores, como la Afrodita Calipigia, o de Bellas Nalgas. A la izquierda, Afrodita de Cnido. Copia romana del siglo II d.C. Palacio Altemps, Roma. Arriba, Venus Calipigia. Museo Arqueológico Nacional, Nápoles.

culto a Afrodita debía de ser una experiencia embriagadora. En el mismo santuario de Pafos se cultivaban lirios, violetas y mirto dulce. También había estanques de lotos y rosales. Uno podría suponer que ése es el origen lejano de que en la actualidad doscientos millones de rosas cambien de manos cada año por San Valentín.

Protectora de las ciudades

En torno al siglo VIII a.C., la diosa adorada en el santuario de Pafos empezó a ser conocida como Afrodita. Al menos así la llamaba ya el autor de un Himno homérico a Afrodita, escrito en el siglo siguiente. De lo que no hay duda es de que la feroz y fabulosa Afrodita nació del cruce de influencias diversas, desde las divinidades primitivas de la fertilidad hasta la Astarté oriental y la divinidad micénica que encarnaba la belleza del cuerpo y el alma. La diosa que emergió frente a las costas de Chipre era hija de Oriente y Occidente.

Desde Chipre, el culto a Afrodita se propagó por todo el mundo griego. La principal vía de difusión fueron las ciudades portuarias. Como diosa que históricamente viajaba por mar y que por ello trascendía fronteras y límites, Afrodita era muy venerada en los puertos. Era adorada en hermosos santuarios en Corinto, Atenas, Cnido o Siracusa. A la diosa se le daban epítetos relacionados con el comercio y la navegación, como Euplea (la del buen viaje), Pontia o Pelagia (la marina), y a menudo recibía ofrendas de los marineros en sus templos.

Como diosa de las relaciones humanas de todo tipo, amorosas y hostiles, Afrodita aparecía como una protectora totémica de esas ciudades. Así ocurría en Atenas. En las laderas de la Acrópolis, coronada por el famoso Partenón, los atenienses rendían culto a Afrodita dejando ofrendas de granadas, aceites aromáticos y tazones de leche en nichos tallados (algunos jóvenes románticos siguen aún hoy honrando a la diosa del amor en los mismos nichos y del mismo modo).

Para los atenienses, Afrodita era una divinidad fundamental en su devenir como ciudad. Se creía que fue ella quien, con su poder cósmico, había propiciado que las poblaciones que antiguamente vivían dispersas se unieran para formar la gran ciudad-estado de Atenas. Por eso, Teseo, el rey que obró esta unión, instituyó el culto de Afrodita Pandemos, es decir, Afrodita Común o Pública, para indicar que era el afecto recíproco lo que forjó esa «unión de pueblos» en la ciudad. Por esa misma razón, el santuario de Afrodita Pandemos se situó en el ágora, el lugar común de reunión del pueblo. Siglos más tarde, Clístenes, promotor de la gran reforma democrática de Atenas en 508 a.C., resaltaría la dimensión cívica de la diosa al acuñar monedas con Atenea en el anverso y Afrodita Pandemos en el reverso.

Adorada por las prostitutas

Un autor del siglo II a.C. ofrece otra explicación del sobrenombre Pandemos. Según Nicandro de Colofón, se debería a que el legislador Solón construyó un templo de Afrodita con el dinero de las heteras, que eran «mujeres públicas». Esta asociación de Afrodita con la prostitución era habitual en la Antigüedad, hasta el punto de que un autor

AFRODISIAS, la ciudad de Afrodita, fue fundada en el siglo II a.C. por pobladores griegos en el suroeste de la península anatólica. Este fue el territorio que habitaron los antiguos carios, quienes rendían culto desde la época arcaica a una diosa de la fertilidad que en el período helenístico acabó asimilada a la Afrodita griega. En el centro de la ciudad se alzaba un templo dedicado a esta divinidad, administrado por un influyente cuerpo sacerdotal. En el siglo I a.C., en tiempos del emperador Augusto, el santuario fue reconstruido con proporciones monumentales por impulso de un rico liberto de la ciudad, Cayo Julio Zoilo, que también era sacerdote del templo. Al santuario se dirigían procesiones para festejar a la diosa, en las que participaban no sólo los vecinos de Afrodisias, sino también un gran número de extranjeros que peregrinaban a la ciudad en busca de la protección de la diosa.

VIDA COTIDIANA

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