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Crónicas literarias para comprender la descomposición de Venezuela

Crónicas, reportajes y ensayos firmados por periodistas venezolanos y extranjeros han descrito el proceso de descomposición del país desde múltiples ángulos

Por Michelle Roche Rodríguez

Al principio fue el final de Hugo Chávez. El anuncio de su enfermedad en octubre de 2011. Pero en enero se declaró curado y comenzó la campaña para las elecciones presidenciales. Aunque fue reelegido, la sensación de que algo terminaba era inminente. La noche del 8 de diciembre admitió la reaparición del cáncer, anunció otra operación y advirtió que si alguna eventualidad lo inhabilitaba para seguir al mando, los venezolanos debían elegir a Nicolás Maduro para sucederlo. Desde ese momento, dentro y fuera del país comenzaron a cuestionar si el entonces vicepresidente podría continuar con el chavismo sin Chávez.

En esos años muchos periodistas viajaron a Venezuela para responder esa pregunta.

William Neuman llegó a principios de 2012 como corresponsal de The New York Times para la región andina. Vivió allí hasta 2017. Luego volvió en 2018 y en 2019, cuando ya había comenzado a escribir su libro de crónicas: Things Are Never So Bad That They Can’t Get Worse: Inside the Collapse of Venezuela (St. Martin’s Press, 2022), traducido como: Todo se puede poner peor (Dahbar, 2025).

En enero de 2013, Jon Lee Anderson publicó en la revista The New Yorker la crónica “El señor de la miseria”, donde muestra como una metáfora descarnada los fracasos del chavismo, la ocupación de la Torre de David, un ambicioso rascacielos cuya construcción se paralizó con la crisis bancaria de 1994, cuando desapareció el grupo financiero Confinanzas al que serviría de sede y ahora está lleno de viviendas precarias. Es uno de los cinco artículos escritos entre los años 2011 y 2019 que el periodista estadounidense dedica a Venezuela en Los años de la espiral: Crónicas de América Latina (Sexto Piso, 2020). El planteamiento del libro es que, en la segunda década del siglo XXI, la “marea rosa” de los gobiernos de izquierda en la región que se inició con la centuria desaparecía bajo el peso de los escándalos de corrupción, la tendencia al populismo autoritario y la militarización. En “La revolución acelerada de Nicolás Maduro” ilustra el viraje a la violencia de Estado del heredero de cuando en 2016 reprimió las manifestaciones populares con gas lacrimógeno y a tiros. Las protestas comenzaron como rechazo a la pretensión de dirigir la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, que entonces expresó la Corte Suprema de Justicia, dirigida por chavistas; luego, los manifestantes fueron contra todo lo que estaba mal: la inflación, la escasez de medicinas, la falta de alimentos… Se trata de uno de los pocos perfiles sobre Maduro conocidos, ahora de mucho valor porque muestra la relación “lo suficientemente cercana como para ser casi familiar” que tenía con los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez.

Las manifestaciones se extendieron durante meses y entre el 1 de abril y el 15 de agosto de 2017 se hicieron más encarnizadas. En Sangre y asfalto (Kalathos, 2020), Carol Prunhuber relata el pulso de las calles en la ciudad de Caracas durante esos 135 días, que terminaron con miles de heridos o encarcelados y más de 150 muertos, la gran mayoría estudiantes. La periodista venezolana residenciada en Francia es especialista en el problema kurdo y observó muchos paralelismos entre el gobierno de Maduro y

Jon Lee Anderson muestra la relación casi familiar entre Nicolás Maduro y los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez

la represión del ayatolá Jomeini a ese pueblo. Desde los ochenta, cuando comenzó a trabajar en el tema, comprendió que el hambre y la pobreza de los kurdos era una estrategia de sus opresores: el objetivo era reducirlos a “una población acosada, reprimida y sometida a la penuria económica que es una manera de controlar a la población y obligarla a emigrar”. Lo mismo vio en su país, por eso su libro presenta numerosos testimonios de quienes participaron en esas manifestaciones, con el ánimo de dar voz a quienes quizá ya no tengan.

La marea rosa es también la preocupación que llevó al argentino José Natanson a escribir Venezuela: Ensayo sobre la descomposición (Debate, 2025). En 2007, Natanson publicó un libro que sirve de antecedente a este: La nueva izquierda, en donde hace perfiles de Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Néstor Kirchner y Rafael Correa. Ahora prefiere el ensayo a la crónica por parecerle que esta no capta la densidad de la tragedia. Analiza la descomposición desde tres variables. La primera es la crisis económica que se profundiza por los bajos precios del petróleo —aunque acepta que, desde 2006, la ola de estatizaciones había llevado a la caída de la producción en casi todos los rubros—. La segunda es política: el fracaso de la democratización. Para Natanson, Venezuela deja de ser una democracia cuando Maduro suprimió de facto el resultado de las elecciones legislativas de 2015.

La tercera variable describe el paso del chavismo de considerarse faro de la izquierda a su vergüenza. “Es fácil comprobar que a la ilusión inicial que despertó Chávez en la izquierda regional le siguió una etapa de desconcierto y, finalmente, cierto vacío, como si todos intuyeran que en Venezuela pasan cosas, pero nadie sabe exactamente qué”, escribe: “Punto ciego del progresismo latinoamericano, que se acostumbró a lidiar con Cuba, pero no con esta criatura indescifrable que es el chavismo, tengo la sensación de que hoy la izquierda no sabe bien qué hacer con Venezuela, en qué lugar de la góndola ubicarla”. El análisis de la debacle es más doloroso cuando se articula desde la desilusión.

El océano sin nostalgia

Una imagen golpea al lector de Todo se puede poner peor en la crónica que sirve de prólogo. Aunque se titula ‘Mene Grande’, no trata del pozo petrolero, el primero perforado en Venezuela. Neuman lo visita en 2014, cuando cumple un siglo de actividades. Le interesa, sin embargo, el barrio paupérrimo que está justo detrás del pozo, donde el petróleo está tan cerca de la superficie que en sus caminos de tierra se hacen charcos negros. Una mujer muy flaca y avejentada llama su atención. Aunque vive en un rancho de metal corrugado, declara estar de maravilla, y cuando Neuman le pregunta sobre Chávez, contesta que es su comandante y que Maduro es el hijo de Chávez.

La escena habla con elocuencia sobre la tragedia de Venezuela.

Porque esa imagen es una paradoja. Y es cierta. El periodista venezolano Rafael Osío Cabrices utiliza un recurso similar para dar contexChávez,

to a Venezuela: Memorias de un futuro perdido (Libros de la Catarata, 2024), donde se pregunta por qué el país con las mayores reservas de petróleo del mundo sufre una emergencia humanitaria.

Osío Cabrices escribe para quienes saben poco de Venezuela y quieren comprender las razones del colapso. Su autor habla como si se dirigiera a un amigo, incluso se preocupa por tomar referencias de la cultura popular. Su perspectiva es doblemente interesante. Por un lado, tiene acceso a datos actualizados pues es editor de Caracas Chronicles, un medio digital independiente de noticias sobre Venezuela, publicado en inglés; por el otro, pertenece a la última generación que se crio en un país que todavía se consideraba una democracia moderna. Su mirada, sin embargo, no es nostálgica. Define a Venezuela como “una república que se había abandonado en parte a sí misma, que nunca había logrado ser transparente, equitativa ni honrada, [razón por la cual] fue colonizada, desarmada desde adentro, vaciada de sentido y finalmente desplazada por un populismo armado que al final la mató”.

Comparte la perspectiva pesimista con su compatriota Carlos Lizarralde, para quien Venezuela durante gran parte de su historia fue pobre en recursos, sufrió profundas divisiones raciales y continúa enferma de violencia latente. Solo durante una “burbuja de prosperidad” en la segunda mitad del siglo pasado ese país problemático se creyó el espejismo de ser una democracia moderna. “El país que conocí de niño se autodestruyó”, afirma en Venezuela’s Collapse: The Long Story of How Things Fell Apart (Codex Novellus, 2024), traducida al castellano como La gran Venezuela: La larga historia de cómo se

desmoronó todo (editorial Dahbar, 2025). Para responder qué pasó, Lizarralde busca respuestas donde están los puntos ciegos de los demás investigadores: en las condiciones de vida de la gente a través del tiempo; las opciones y oportunidades que tuvieron unos y faltaron a otros, así como las narrativas políticas que interpretaron esas realidades y dieron forma a la vida cotidiana. El libro rastrea la influencia de las tensiones étnicas en la historia del país para demostrar que la longevidad del chavismo se debe a su capacidad de explotarlas.

En la versión en castellano, Lizarralde incluye una larga posdata en donde se refiere a la situación después de que el Gobierno desconociera los resultados de las elecciones presidenciales de julio de 2024. Se pregunta si María Corina Machado propone una política posracial y analiza su ascenso de líder marginada de la oposición hasta aglutinar las simpatías de una abrumadora mayoría de la población. La clave: un mensaje simple, centrado en la familia que aprovecha el giro religioso-católico que la sociedad ha tomado ante la tragedia e invoca el fuerte impacto de la diáspora en el imaginario: “Nuestros hijos volverán a casa”.

Los autores de estos libros viven fuera de Venezuela. Viajaron allí entre

Venezuela ha sido durante gran parte de su historia pobre en recursos y continúa enferma de violencia latente

2009 y 2018 para recabar fuentes vivas. La Ley contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia, sancionada en 2017, dificultaría un trabajo semejante ahora porque permite a las autoridades revisar los móviles y llevar preso al que critique al Gobierno, bajo la acusación de instigar al odio. Entre 2018 y 2022, esta ley se usó en al menos 70 casos registrados por la Universidad Católica Andrés Bello. La pandemia por la covid-19 sumó motivos para limitar la circulación de las informaciones y desde entonces es aún más difícil el trabajo de narrar tan compleja realidad, algo que saben bien los periodistas que hacen su oficio en el terreno.

De los días de la pandemia, Pedro Plaza Salvati nos trae una inesperada colección de crónicas, La vida interrumpida (Libros de la Catarata, 2025). Vive en España, pero la casualidad lo llevó de visita a Venezuela poco antes de que comenzaran los confinamientos forzosos. Sin posibilidad de salir de Caracas, se dedicó a recorrerla a pie. En el libro narra sus largas caminatas. Encuentra a locos con serruchos que persiguen a gente entre los superbloques; atraviesa la ciudad desierta por donde solo él y militares con armas alzadas se atreven a deambular, y se topa de frente con un centro de tortura ubicado en una antigua oficina del Metro de Caracas. Aunque nadie se le acerca, lleva la mascarilla puesta. Lo hace por precaución. No se tapa la boca para conservar la salud; se tapa la boca para conservar la vida.

BABELIA

es-es

2026-01-17T08:00:00.0000000Z

2026-01-17T08:00:00.0000000Z

https://lectura.kioskoymas.com/article/282415585682490

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